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La Razón y el diseño inteligente

Por fin la Razón se ha atrevido a publicar lo que muchos pensaban y pocos se atrevían a decir: la evolución no es más que una teoría, una de las varias que intentan explicar cómo hemos llegado hasta aquí. En un alarde de valor, enfrentándose al dogma científico y a las facciones más rojillas del Vaticano, nos han traído el Diseño Inteligente, Intelligent Design en el original inglés. El artículo se titula, apropiadamente, "Darwin cede un puesto al Diseño Inteligente".

El diseño inteligente es una secreción de las meninges de una serie de genios americanos de la teología y la filosofía, y ha sido avalada por autoridades científicas reconocidas, como George W. Bush. La teoría completa es demasiado sofisticada para poderle hacer justicia aquí, pero vamos a intentar resumirla en un párrafo:

Estos señores no acaban de entender la teoría de la evolución, por lo que asumen que no puede ser cierta. Como alternativa proponen la teoría de que "algo" inteligente diseñó la vida. Así, tal cual.

Poco a poco, los científicos van viendo las ventajas de este tipo de teorías: no necesitan basarse en hechos, no explican nada, no predicen nada, y no se puede probar que son falsas. Sacas una, la publicas, te haces famoso, y si alguien te ataca es que es poco tolerante, no aprecia la diversidad de opiniones, y tú eres un incomprendido. Cómo vamos a hacer un pacto de civilizaciones con gente así.

La difusión que el diseño inteligente ha logrado en Estados Unidos es prueba de la extraordinaria habilidad de que han hecho gala sus proponentes, pero no dice nada acerca de su verosimilitud. De hecho, exigir que una teoría científica sea verosímil, o explique algo, o se pueda probar falsa, es un vestigio de la intolerancia del pasado.

El problema de esta nueva aproximación a la ciencia es que se te cuelan teorías patentemente falsas, como por ejemplo la del diseño inteligente. Porque resulta que la realidad del porqué estamos aquí es muy diferente. Poca gente lo sabe -todavía- pero la verdad es mucho más prosaica de lo que los diseñadores inteligentes y los darwinianos quieren aceptar: la verdad es que nos pusieron aquí.

Resulta que en la galaxia de Andrómeda hay una civilización avanzada que se alimenta, entre otras cosas, de seres humanos. La ganadería humana en su planeta les resultaba demasiado laboriosa y descubrieron la ganadería de la no ganadería, gracias a la cual, colaborando con la naturaleza, no tienen que hacer prácticamente nada. Buscan planetas con las condiciones adecuadas, como un ecosistema robusto y especies nativas de las que los hombres puedan alimentarse, siembran allí unos cuantos humanos y esperan a que crezcan y se reproduzcan, como las cucarachas de la tele.

Van comprobando de vez en cuando cómo se encuentran las explotaciones ganaderas que tienen repartidas en varios planetas de varios sistemas solares, para intentar que no se maten entre ellos más de la cuenta (porque les baja el coeficiente de explotación), y determinar cuándo llegan al crecimiento máximo, justo antes de que se carguen del todo el planeta que les da cobijo. Es el momento adecuado para la recolecta: bajan con transbordadores espaciales gigantes, nos revelan la realidad del sentido de la vida, nos vemos por fin liberados de las dudas filosóficas que nos afligían, nos suben a las naves, nos matan, destripan, descuartizan y congelan en instalaciones perfectamente esterilizadas, y nos llevan al mercado del jueves de su planeta, en Andrómeda. Si han detectado correctamente el momento óptimo de la recolecta pueden dejar unos cuantos grupúsculos de hombres y mujeres para que vuelva a empezar el ciclo. A éstos, naturalmente, nadie les dice de qué se trata, para que se puedan preocupar, ellos y sus descendientes, por el sentido de la vida.

Y no debemos dejarnos amilanar por el hecho de que Andrómeda esté a 2.52 millones de años luz: la vemos donde estaba cuando los /Australopithecus/ se paseaban por la sabana africana. Después de todo, la de la relatividad no es más que una teoría, no una ley probada. ¿Por qué no abrir nuestras mentes a la teoría, más democrática, de que nuestros amos de Andrómeda pueden viajar mucho más rápido que la luz?

Juan Reyero Barcelona, 2006-02-14
 

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