Las mujeres y los hombres son diferentes
¿A que parece mentira? Pues es lo que hay. Lo que tienen entre las piernas es diferente, por ejemplo. Y las mujeres tienden a tener menos barba que los hombres, y necesitan afeitarse menos.
Pero hay otras diferencias, menos evidentes. He aquí una lista, que no pretende ser exhaustiva, tomada de Steven Pinker (/The Blank Slate/, un libro extraordinario):
- los hombres son mejores rotando objetos mentalmente y leyendo mapas;
- las mujeres son mejores recordando sitios y la posición de objetos;
- los hombres son mejores resolviendo problemas matemáticos hablados;
- las mujeres son mejores haciendo cálculos matemáticos;
- las mujeres tienen mejor sensibilidad a sonidos y olores, perciben mejor la profundidad, asocian formas más rápido y son mucho mejores leyendo expresiones faciales y lenguaje corporal.
¿Qué nos dice todo esto de la capacidad de hombres y mujeres para ocupar los puestos mejor pagados en las empresas, o para velar por el bien de todos desde el gobierno? Nada. ¿Y sobre la capacidad de una determinada mujer para hacer de camionera? Absolutamente nada.
Poco después de que José Luís Rodríguez Zapatero ganara las elecciones leí una entrevista a María Teresa Fernández de la Vega, su vicepresidenta primera, publicada en El País. Al principio de la entrevista la vicepresidenta describía su nombramiento. Zapatero la había mandado llamar para decirle que había decidido que quería poner a una mujer como vicepresidenta, y que por eso había pensado en ella.
Me dió un vuelco el corazón. "Ésto se pone interesante", pensé, inocente, "ahora me va a decir que le soltó un guantazo a Zapatero por la insolencia, Zapatero se dió cuenta del insulto, se arrodilló, le pidió perdón, ella renunció a aceptar el cargo, y no accedió hasta que Zapatero se hubo humillado rastreramente durante unos días". Eso pensaba, pero al seguir leyendo supe que a ella le había invadido la alegría y le había dado las gracias a su futuro jefe.
¿Cómo puede ser?, pregunto anonadado. ¿No es de cajón que un presidente tiene que escoger al mejor candidato posible para la vicepresidencia, independientemente de sus atributos sexuales? ¿No se da cuenta esta señora de que esa frase de su jefe quita toda la gracia a su nombramiento?
Claro que después me enteré de que este señor se había marcado como objetivo que la mitad de los miembros de su gabinete fueran mujeres, y va a cambiar los estudios de ética en las escuelas para llamarlos "Ética e igualdad entre hombres y mujeres", o algo así.
Menuda farsa. Mientras tanto las mujeres que no son ministras y quieren tener hijos se ven de patitas en la calle cuando se quedan embarazadas, tienen que aguantar a jefes abusones, y no tienen más remedio que almacenar a sus hijos de cuatro meses en guarderías durante diez horas al día (aunque esto último también les pasa a los hombres).
En vez de pensar qué tienen que hacer para que, al escoger un gabinete de ministros, haya más o menos tantos hombres como mujeres entre los candidatos, se entretienen cubriendo cuotas y dándoles carnaza a los tertulianos de la radio. Menos mal que no se les ha ocurrido que los zurdos no están bien representados en el gobierno.
[Nota: la discusión sigue en el artículo La discriminación positiva].
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