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No sabes de dónde salen tus decisiones

Una decisión es un elemento emergente, una construcción nueva que no puede surgir del universo secuencial de la conciencia. Seguramente no se puede demostrar y argumentarlo requeriría más energía de la que estoy dispuesto a invertir en algo tan palmario, o sea que voy a intentar formularlo de forma que no resulte demasiado pedante: mi conciencia no ha tomado nunca una decisión, sino que se limita a adoptar y justificar, con más o menos acierto, decisiones que le vienen tomadas, tras ser gestadas (supongo) de forma inconsciente. Y cabe la posibilidad, desde luego, de que el resto de conciencias se parezcan a la mía.

Habrás oído decir que el cerebro está dividido en dos mitades, los hemisferios izquierdo y derecho, unidos por un mazo de nervios que se llama corpus callosum. Michael Gazzaniga y el premio Nobel de medicina Roger Sperry mostraron que cuando se corta quirúrgicamente el corpus callosum (lo seccionan para curar algunos casos graves de epilepsia) se divide el Yo en dos: cada hemisferio funciona como un Yo independiente, que va por la vida sin buscar el consentimiento del otro. (Hicieron estos experimentos a principios de los sesenta. En julio de 1998 Gazzaniga publicó en Scientific American un artículo, The Split Brain Revisited, resumiendo sus resultados y la evolución de las investigaciones durante la segunda mitad del siglo XX).

Es fácil decirlo, pero cuesta de imaginar: dos mentes autónomas en el cerebro, yendo cada una a su aire, y ni siquiera se hablan entre ellas. Parece una receta para el desastre. Da la impresión de que el paciente tiene que derrumbarse a los pocos minutos, víctima de las señales disonantes que le llegan de sus cerebros. Pero resulta que no es así: los pacientes cuyo corpus callosum ha sido seccionado pueden ir por la vida e interaccionar con la gente sin ningún problema. Si conocieras a uno no le notarías nada especial. Esto es, en parte, debido al papel que juega el hemisferio izquierdo: se dedica continuamente a buscar explicaciones coherentes a lo que va pasando, deglutiendo sin rechistar las ruedas de molino que le llegan en forma de decisiones tomadas por su compañero de cráneo, de forma que mantiene una narración satisfactoria de su historia.

En un experimento especialmente dramático el experimentador muestra la orden "Camina" al hemisferio derecho de un paciente con el corpus callosum seccionado (como el campo visual de los dos hemisferios no es el mismo es posible mostrar algo a un hemisferio de forma que el otro no lo vea). La persona obedece, se levanta y empieza a andar. Pero cuando se le pregunta a la persona (a su hemisferio izquierdo) por qué se ha levantado responde, con toda sinceridad, "Para ir a buscar un refresco". Independientemente de lo que se le haga hacer y de la motivación real, el hemisferio izquierdo tiene siempre una respuesta lista cuando se le pregunta.

O sea que hay un módulo en el hemisferio izquierdo especializado en inventar historias coherentes, continuamente justificando y masajeando las cosas que le llegan desde el resto del cerebro. En palabras de Gazzaniga (1998):

Todos estos descubrimientos sugieren que el mecanismo interpretativo del hemisferio izquierdo está siempre trabajando duramente, buscando el significado de lo que pasa. Está constantemente buscando orden y razón, incluso cuando no la hay —lo que le lleva a equivocarse continuamente—. Tiende a sobre-generalizar, construyendo a menudo un pasado potencial en vez de uno verdadero.

Este módulo, al que Gazzaniga llama el intérprete, está continuamente poniendo paz en las negociaciones entre las dos mentes de tu cerebro. Es parte de su trabajo mantenerse convencido de que está al mando, para lo que se tiene que convencer de que la decisión que acabas de tomar, sin saber muy bien por qué, es una respuesta racional y coherente con el flujo de pensamiento con que explica el mundo.

Juan Reyero Barcelona, 2006-03-21
 

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