Oposiciones para diputado
Tercera y última parte de la Trilogía de la Paletocracia Española, en que se propone que se elimine el trato de favor que reciben los diputados.
A veces mi hijo me dice que de mayor quiere ser bombero, y yo le digo No, hijo mio, es mucho mejor que te hagas diputado. En España el mejor enchufe que te puede caer es el de diputado o senador. Es la forma más cómoda de ser funcionario temporero de primer orden: te pagan un sueldo más que razonable y ni siquiera tienes que ir. Ninguna responsabilidad. Lo único que tienes que hacer es saber qué día tienes que ir a votar (ya te lo dirán) y qué botón apretar (también te lo dirán). Te tendrás que comprar un traje, pero con lo que te pagan te da para comprarte varios cada mes, si te apetece.
Y papá, ¿cómo se hace? ¿qué tengo que hacer para hacerme diputado?, pregunta entonces mi hijo. Pues no lo sé, respondo yo un tanto azorado. El cómo llegar a diputado es un pelín oscuro. Seguramente por el camino tendrás oportunidad de ver mucho mundo del que no querías ver, pero ya se sabe: el que algo quiere algo le cuesta, y a Dios rogando y con los jefes cumpliendo.
Sabes que te digo, bien pensado, mejor lo dejamos en bombero.
Pero yo también me lo pregunto, porque tengo una hipoteca por pagar. ¿Cómo se llega a diputado? Por lo poco que yo entiendo, empiezas apuntándote a un partido. Creo que ayuda que hayas estudiado algo: por ejemplo, para ser de Esquerra tienes que haber hecho filología catalana.
Una vez apuntado, te dedicas a ir a todos los actos oficiales que se presenten: ofrendas florales, cortes de cintas inaugurales, mítines, lo que se tercie. En los actos tienes que hablar con todo el mundo de buen rollete, cuanto más alto en el escalafón el interlocutor mejor el rollete, e intentar salir en todas las fotos tan cerca de los jefes como sea posible. A poco que seas personita y formal acabarán por darse cuenta de que existes, que es tu primer objetivo.
El proceso a partir de ahí se me escapa. El objetivo final está claro: tienes que conseguir que el que hace las listas piense que ponerte a ti le va a resultar más ventajoso que poner a tu vecino. Métodos y tácticas para que te quiera poner a ti y no al vecino quedan como ejercicio para el lector.
Lo poco que se vislumbra del mecanismo de selección de diputados no puede dejar de suscitar una pregunta entre los que les pagamos sueldo y dietas: ¿qué nos garantiza que estos señores y señoras están capacitados para el trabajo que les encomendamos? Nada, naturalmente; formulemos la pregunta en una forma un poco más suave: ¿qué podría hacernos sospechar que cabe la posibilidad de que estos señores y señoras tengan repajolera idea de algo? Tampoco nada. Vaya panorama. El empollón de la clase levanta la zarpa y dice Sí, el criterio del señor que los pone en la lista, esa es la garantía. Sus vecinos le dan unas bien merecidas collejas, por burro.
Si quieres ser barrendero tienes que aprobar unas oposiciones. Si quieres ser vigilante de museos tienes que aprobar unas oposiciones. Incluso para ser juez hay que aprobar oposiciones. ¿Por qué a cualquier hijo de vecino se le supone capacitado para ser diputado?
¿Cómo podría funcionar? He aquí una propuesta. Se define un temario básico que todo diputado tiene que dominar. El temario incluye derecho, economía, estadística, inglés, francés, alemán y matemáticas, como mínimo. Nadie está capacitado para diputar si no es capaz de leer y entender el Economist, por ejemplo, o si no sabe distinguir entre un intervalo de confianza y una fianza. Para aprobar el examen haría falta conocer bien las leyes, pero también ser capaz de resolver problemas matemáticos (nivel COU ciencias espabilado seguramente sería suficiente).
Cualquiera se podría presentar a las oposiciones. Una vez aprobadas te convertirías en diputable, y podrías apuntarte al partido que más rabia te diera. Los partidos estarían obligados a ordenar a sus diputables por notas, de forma que la probabilidad de conseguir plaza estaría ligada a la puntuación que hubieras conseguido en las oposiciones.
El mecanismo daría para unas pocas tesis de teoría de juegos, pero eso también está bien. Por ejemplo, los diputables tenderían a apuntarse a los partidos donde fueran menos numerosos, y donde los diputables presentes tuvieran peores notas. De esta forma, hasta Esquerra podría conseguir alguno, lo cual es ciertamente poco intuitivo y parece que invalida el mecanismo propuesto: pero tampoco hay para tanto, la variedad es la sal de la vida, etcétera.
En cualquier caso, necesitamos algo que ayude a entender por qué los señores y señoras que se esconden detrás de periódicos en el Parlamento merecen estar ahí.
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