Enciso
Nos levantamos a primerísima hora
y a las nueve y media nos hemos vestido y estamos desayunando.
Ricardo nos prepara un buen desayuno: pastelitos de flan de
café; tostadas con mantequilla, mermelada, y miel de sus
panales (tiene 48); magdalenas, roscos, zumo, leche con
colacao, café. Nos ponemos las botas. Después nos sugiere una
ruta para ver huellas de dinosaurio. Nos vamos con los trastos
de ir de excursión: las mochilas de los niños con agua, frutos
secos, galletas, crema protectora, un gorro que compartimos
entre los tres, prismáticos, cámara y GPS. Que no nos ponemos
por poco.
Es un buen paseo. Saliendo del pueblo encontramos el
yacimiento de la Virgen del Campo. Majo. Huellas de
dinosaurio y chavales sudando entre las piedras: parece un
campo de trabajo de verano. Se han molestado en marcar el
contorno de las huellas con pintura blanca, lo que les quita
algo de autenticidad pero permite que las veamos. Hay toda una
historia en estas huellas: las pisadas que se separan a medida
que avanzan son de un carnívoro que acelera y ataca a un
hervíboro que pasaba por allí; las huellas se mezclan, y forman
una borrón que se supone es la pelea.
Salimos y tomamos el camino hacia el siguiente yacimiento, un
par de kilómetros subiendo bajo un sol de justicia. Estamos
solos. Llegamos un tanto estropeados y encontramos un pequeño
parque de atracciones mucho más interesante que el yacimiento,
con artilugios para remojarse. Los niños acaban chorreando y
felices. Los alimento un poco y vamos a ver las huellas.
Somos profanos y sólo vemos más de lo mismo, pero ahora estamos
en lo alto del risco y la vista es impresionante. Centenares
de molinos en el horizonte. Seguimos, llegamos a una tirolina
montada en medio de la nada, yendo de ningún sitio a ninguna
parte, donde los niños se lo pasan pipa durante un buen rato.
Bajamos después hasta el último yacimiento. Dinosaurios de
cartón piedra, que es lo que más gusta a los niños. Después de
un kilómetro y pico de andar por la carretera llegamos de nuevo
a Enciso, seis kilómetros y cuatro horas después de salir,
cansados pero contentos y en condiciones.
Son las tres y pico, pero la chica de la Fábrica se apiada de
nosotros y nos da de comer. Canelones para los niños y jabalí
con setas para el padre. Menos mal. Volvemos a la habitación
y descansamos un rato. Después los niños se bañan en la
piscina mientras yo escribo, nos duchamos todos, y vamos a ver
otro yacimiento. Navalsaz está bastante más lejos y vamos en
coche. Mucho más interesante, pequeño, sin contornos blancos.
Vemos las huellas más impresionantes del día. Los niños ya
pontifican con alegría sobre qué bicho dejó cuál huella. Pepe
se cruza un poco. Está cansado.
Queremos cenar y en el pueblo no queda nada abierto, así que
nos vamos a Arnedillo. Diría que Arnedillo es todavía más
pequeño que Enciso: casas alrededor de la carretera, los coches
aparcados donde podría haber habido aceras, la gente andando
por la calzada y bebiendo entre los coches. Muchos bares,
pocos restaurantes, y ningún cajero en que pueda sacar dinero
sin que me soplen 12 euros de comisión. Nos damos por vencidos
y nos llegamos a Arnedo, mucho más grande. Pero sin
restaurantes abiertos. Ninguno. Es domingo, qué quieres? Los
niños están ya algo cansados, y son las diez cuando encontramos
una bocatería donde nos dan unos platos combinados. Pensar que
si se me hubiera ocurrido podría haber traído pasta de casa, y
prepararla con alguno de los trastos que llevo en el maletero
del coche! En fin. A las once estamos de vuelta en Enciso, la
mar de contentos, comidos y cansados. A dormir.
Suscríbete
blog comments powered by Disqus