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Picos de Europa

Nos levantamos temprano para llegar a Fuente Dé y tomar el cable antes de que se formen las colas.

Subimos con el teleférico y nos plantamos en los Picos de Europa, a 1825 metros de altura, con un paisaje impresionante a nuestros pies. Y estamos solos. Desayunamos. Vamos hasta una lomita a pocos metros de la estación de funicular y les hago unas fotos en plan montañero-expedicionario. No veo claro que quieran andar. Pero deciden que sí y tomamos el camino que nos lleva hacia el NW, alejándonos de un hotel que por lo visto hay por aquí arriba.

Es largo, pero los dos aguantan como campeones. Ven neveros en lo alto y quieren jugar con la nieve: les digo que no podemos irlos a buscar, pero que si siguen andando encontraremos uno cerca del camino. Poco antes del Collado de los Horcados Rojos encontramos uno. Patinan, se mojan, se tiran bolas de nieve. Seguimos hasta el Collado. Impresionante. Vemos el Naranjo de Bulnes al norte y nubes más abajo, cubriendo el llano. Estamos a 2325 metros, hemos subido 500.

Volvemos a bajar un poco, pasamos por el nevero de nuevo (más patinaje, más nieve por el cogote) y subimos hasta el refugio de la Cabaña Verónica, otra vez a 2325 metros de altura. Es un sitio singular. El refugio es una especie de submarino. Normalmente lo guarda Mariano, que lleva 25 años viviendo aquí, subiendo las provisiones a fuerza de piernas, y cocinando para los montañeros que visitan. Me cuentan que con lo que gana en los tres meses de verano vive todo el año aquí arriba. Hoy está enfermo y no lo podemos conocer.

Los niños disfrutan del sitio. Les doy de comer un bocadillo de atún. Aquí sólo hay montañeros de verdad y cantamos como una almeja. Les hacen varios comentarios agradables. Están orgullosos y muy contentos.

Bajamos sin novedad. Por el camino descubren una experiencia nueva: cagar en la alta montaña. Llegamos al cable y no tenemos que hacer cola. Hemos estado más de siete horas andando, pero no parecen especialmente castigados. Llegamos al cámping, piscina, garbanzos y huevo duro para cenar, y a dormir. Mañana nos vamos.

Juan Reyero Barcelona, 2007-07-29
 

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