Los niños se van
Acabo de llevar a los niños a casa de su madre. Nos hemos despedido antes, porque temía no poder hacerlo allí. He acertado. La recibida ha sido una demostración de amor materno: les ha dicho hola, pero no los ha mirado, ni les ha dado un beso, ni un abrazo, ni se les ha acercado. Sólo llevaba una semana sin verlos, y cuarenta días sin ellos. Me ha gritado algo del estilo de "No te muevas de aquí mientras compruebo que lo hayas devuelto todo!". Los niños, que venían un poco tristes pero muy tranquilos, se han puesto a llorar. Pobre Pepe, estaba desesperado.
Como la norma es que no se aceptan abusos verbales, le he dicho que no, que ya lo hablaríamos ella y yo, y que si faltaba algo se lo llevaría mañana. No le ha servido. Se ha puesto como un basilisco. He dado un abrazo a los niños, he intentado calmarlos, y he entrado al coche. Mientras tanto ella ha corrido a buscar su lista (la tenía cerca) y ha empezado a comprobar lo que faltaba. Gritaba "No te muevas de aquí, que faltan cosas!".
Le he dicho varias veces más que no se preocupara, que ya me diría qué faltaba y se lo llevaría, pero que me iba. Cuando he entrado al coche y le he dado al contacto ha metido el brazo por la ventana para apagarlo y llevarse las llaves, pero le he hecho sacar el brazo con mucho cuidado. Sólo faltaría que le hiciera daño. Pepe seguía llorando a todo pulmón, JM lloraba más sosegado. Pobres críos. Me ha pegado por la ventana del coche, pero no me ha dado. Entonces me he puesto en marcha, y ha corrido a ponerse delante del coche.
Ha seguido un rato de impasse. Yo intentaba irme, ella estaba allí delante gritándome que me esperara y que no me podía ir, y los niños lloraban. Mientras tanto yo les explicaba a los niños que no me podía quedar, porque no podía aceptar que el maltrato y el abuso verbal funcionaran. Creo que lo entienden; ya lo hemos hablado alguna vez. Le gritaban a su madre que se apartara y me dejara, y yo le preguntaba si se daba cuenta de lo que estaba haciendo a sus hijos. Al rato se ha apartado y me he ido. Mientras arrancaba le ha dado una patada al coche. Pobres críos. He conseguido no levantar la voz, pero me ha costado todo lo que tengo.
He llegado a casa y he dejado pasar varias llamadas. No tenía ganas de hablar con ella. Cuando le he cogido el teléfono le he dicho lo que pienso de ella. Ha hecho poner a JM para pedirme que escuche a su madre. Le he dicho que ya hablaría con ella cuando fuera el momento. A la siguiente llamada le he dado a entender que no tengo la más mínima intención de acercarme por allí, y que podía venir a recoger las cosas que he encontrado en Corçà. Pepe todavía lloraba.
Ha venido y le he dado lo que he encontrado de lo que había quedado. No le ha parecido bien: quiere que le de el traje de neopreno de JM, que ya no puede llevar porque no le cabe, y no sé qué más. Pero no he hablado con ella.
He decidido intentar funcionar de la forma más normal posible. He hecho una foto a una de las orejas de mar que hemos encontrado estos días en Calella, he comido algo, y he escrito ésto. Me parece que estará bien recordar días como hoy dentro de unos años. Creo que ahora voy a ir a nadar al mar. Después de un rato de agua me encontraré mucho mejor.
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