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Montando la casa

Estoy en plena vorágine de arreglo de casa. Aspiro a que resulte un sitio agradable, fácil de mantener, sin cadáveres en los armarios, y más o menos limpio (o sea: que no manche). Un sitio donde yo esté a gusto y donde señoras guapas quieran dormir de vez en cuando; sólo de vez en cuando, por eso tengo un colchón grande pero en el suelo. También aspiro a gastarme poco dinero. Y los libros tienen que estar cómodos y ordenados.

El proyecto está requiriendo muchos más viajes a Santa Ikea de los que hubiera querido. He adquirido una gran habilidad para montar Billys (en diez minutos monto uno, doce con una mano atada a la espalda, trece y medio si además tengo los ojos vendados), y ya no me pierdo en Montigalà.

Ordenar los libros fue mucho más doloroso de lo que imaginaba. Una vez hube decidido que los pondría por temas, y no por colores, los repartí en montones en el suelo. El tamaño relativo de los montones era interesante. Los más grandes eran los de matemáticas, economía, y mecánica analítica. El más pequeño, con un solo libro, el de cocina. Tal vez sea una forma de saber qué es lo que realmente me interesa. O, más probablemente, lo que más me cuesta.

También ha habido un par de visitas a tiendas de jardinería. He plantado cuatro jazmines (dos de ellos han merecido cuatro cañas por las que trepar), otra trepadora con flores amarillas que no sé cómo se llama, romero y lavanda. Dentro tengo macetas con albahaca, una especie de ficus con las hojas onduladas que compré en Ikea por 11 euros, y dos plantas con las hojas de colores muy bonitas. Ahora tengo que descubrir qué son y cómo cuidarlas. De momento tengo dos jazmines ufanos y contentos, y los otros dos que dan pena. El resto tienen todos buena pinta.

Pero lo más difícil va a ser deshacerme de la chatarra. Tengo varias toneladas de trastos, desde mis primeras navajas hasta reglas de cálculo que nunca he usado, pasando por cuchillos rotos, trozos de silicio puro, y compases que nunca más voy a usar. En este momento está todo en un montón en medio del comedor, esperando el veredicto. He decidido que voy a tirar todo lo que no pueda guardar de forma que se pueda volver a encontrar. Habrá cosas que serán promocionadas de chatarra a artículos de decoración, como algún compás, las reglas de cálculo y el silicio; éstas tendrán derecho a una parcela en alguna de las escasas superficies horizontales de la casa. Otras encontrarán un sitio que sea el suyo, bien en lo alto de algún Bily, bien en el armario metálico que monté en el recibidor, bien en las cajas de cartón con separadores que he colgado de la pared. El resto pasará a mejor vida, mal que me pese.

Juan Reyero Barcelona, 2007-08-22
 

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