Los candidatos que nos han caído
Ya acabó el juego de los debates, y seguimos sin saber cómo piensan los señores candidatos, ni de qué se ven capaces, ni qué planes tienen.
En cambio, sabemos que don Mariano no necesita parpadear: ninguna vez en el primer asalto, una en el segundo. Debe ser una especie de récord. Creo que es la base de ese continente afable y ese magnetismo personal que le caracterizan.
Se queda uno con ganas de ver un intercambio inteligente de ideas. O un intercambio, al menos, medianamente despierto: no pidamos peras al olmo. Da la impresión de que la consigna acordada en los pactos secretos que han precedido al debate y lo han encorsetado haya sido: prohibido interpelar, ninguna pregunta inteligente. Porque mira que lo tenían fácil, cada uno en su campo.
Don José Luís juega el papel de mesías visionario. Hace política de eslogan, de frase bonita y mirada de cordero degollado, modelo Mira Cómo Abro el Corazón y Dejo mi Alma al Desnudo. De vez en cuando se le escapa algún dato, pero no se molesta en defenderse de los ataques del otro. En vez de rebatir lo que le están diciendo se queda transpuesto mirando a la cámara, y dice algo del estilo de "yo me comprometo…" a lo que se tercie. Quizá sea su idea de mantener la iniciativa.
Don Mariano le da bastante más a la demagogia, jugando a dos bandas. A sus votantes de toda la vida les vende la imagen de hombre duro y aguerrido, alguien que se atreve a decir lo que piensa, que sabe de números y que no se deja amilanar por rojos, masones y separatistas. A los otros, a los rojos, masones y separatistas, los tiene segmentados en ricos y pobres: a los ricos los ignora, y a los pobres les dice que la vida está mucho más cara. Por culpa de don José Luís, por supuesto. Y que a él le preocupa mucho que la vida esté más cara, porque, déjate estar, pasar hambre no deja de ser una fuente de infelicidad para los pobres que tienen que saber qué es un bono-bus.
Nos trata de idiotas, quizá más que San Zapatero. No me refiero a los errores de pata de banco (¿el 5.3 de qué, don Mariano?), ni a la manipulación de datos estadísticos de primero de Ingeniería Técnica Piratil (¿gráficos de barras con dos valores y el cero cambiado, don Mariano, y delante de todo el mundo? ¿No le da vergüenza?).
Me refiero a su idea de cómo funciona la economía. Los precios han subido, ¿me lo dice usted o me lo cuenta? Y, si no es mucho preguntar, ¿qué sugiere que hagamos para que dejen de subir? Porque un bastión del liberalismo como usted no puede dejar de saber que, por suerte, la inmensa mayoría de los precios no los pone el gobierno.
Hay dos formas de luchar contra la subida de los precios. Una es subir los tipos de interés: como cuesta más conseguir dinero, disminuye la producción, las empresas no piden créditos, compran menos, la economía se enfría y bajan los precios (pero sube el paro). Otra es subir los impuestos: la gente tiene menos dinero, con lo que tienen menos ganas de comprar, y como los que venden siguen teniendo las mismas ganas de vender terminan por bajar los precios.¿Cuál de las dos recetas es la que propone don Mariano? La primera, subir los tipos de interés, le va a resultar difícil, porque los tipos de interés los fija el banco central europeo. O sea que sólo queda subir los impuestos. Sin pestañear.
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