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El canario

Creo que todavía no he presentado al canario en sociedad. Se llama Sirius, y nos lo trajeron los reyes. Es pequeñito, amarillo anaranjado con manchas grises, muy bonito. Los niños querían un pájaro, y yo quería un bicho que hiciera algún ruidito agradable: por eso insistí, cuando se lo encargué a los reyes, en que tenía que ser un macho. Las hembras no cantan.

Los machos jóvenes tampoco cantan. Se supone que Sirius nació este verano: por eso no nos extrañó mucho que cantar, lo que se dice cantar, no cantara. Se le escapa algún chillido, pero nunca algo parecido a un trino. Ya aprenderá, pensábamos, y le poníamos vídeos de canarios cantando que encontrábamos en youtube, para ver si se inspiraba.

Hará cosa de un mes Sirius puso un huevo pequeñito, azulado con manchas blancas. Todos pensamos que nuestro canario es un portento: no cantará, pero seguro que es el único canario macho del mundo que ha puesto un huevo. Y ya se ve, decíamos, que es un hombrecito de su casa, el muchachote, todo el rato trajinando pajitas por la jaula, desesperado por construir un nido.

Al día siguiente puso otro. Al cuarto día, con el cuarto huevo, pensamos que Sirius estaba intentando decirnos algo: ahora se llama Casiopea, tiene un novio amarillo y grandullón —que ha heredado su antiguo nombre—, una jaula familiar, y un nido estupendo con cuatro huevecitos nuevos, esperamos que fecundados. Empezó a incubar a tiempo completo el día 1, o sea que sale de cuentas el día 13.

No sé qué vamos a hacer con todos los bichos, suponiendo que los haya, porque por culpa del tío Hércules queda poco sitio. Hércules es otro macho, verde, pequeñito y cobardica, que se incorporó al zoo cuando el nuevo Sirius consiguió meterse en la jaula de Casiopea y dejó de cantar para dedicarse a quehaceres más satisfactorios. Los niños se quieren quedar toda la prole, naturalmente, pero creo que me voy a negar. Como mucho nos quedaremos una hembra bonita, para que críe con Hércules, a ver de qué color salen los hijos. Suponiendo, naturalmente, que no cueste demasiado colocar a los que vienen ahora.

Dan trabajo, pero estoy bien acompañado. La casa parece un documental de Félix Rodríguez de la Fuente, con la hembra espachurrada en su nido y el macho regurgitando la comida en su pico abierto, el tío Hércules cantando desde el otro lado de la cortina de Ficus benjamina, las tortugas pululando por su terrario, y los insectos palo comiendo hiedra en su jarrón. Pero de las tortugas y los insectos palo ya hablaré otro día.

Juan Reyero Barcelona, 2008-04-04
 

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